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Reflexiones sobre los Procesos de Envejecimiento
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En la Facultad de Trabajo Social de la UNER, se desarrolla un proyecto sobre los Procesos de Envejecimiento y Diálogos Intergeneracionales. UNER NOTICIAS entrevistó a la Magister María del Carmen Ludi –docente de la mencionada Facultad- y Directora de la investigación quien remarcó los objetivos de “revalorizar el rol de las personas mayores en nuestra sociedad y la importancia de envejecer junto con otras generaciones, generar un espacio de reflexión, socialización e intercambio acerca de configuraciones familiares, relaciones intergeneracionales y procesos de envejecimiento como aportar herramientas en la formación de estudiantes de Profesorados de Educación Primaria y de Trabajo Social”.

-El abuso y maltrato a personas mayores, es un flagelo que se intensifica por estos tiempos…
Efectivamente. Debemos trabajar todos sobre la responsabilidad que tenemos, de buen trato a las personas de edad en un mundo que envejece; en una sociedad cada vez con mayor tendencia a la violencia, y que involucra a amplios sectores sociales. El trato que se brinda a las personas mayores, plasma la concepción que se tiene frente al propio envejecimiento; de ello depende en gran parte la posibilidad de evitar actitudes y relaciones dominantes tal el caso de sobreprotección, infantilización, o de abierto maltrato, tanto en la familia como en los espacios público-sociales.
Las personas mayores, son víctimas de abusos y malos tratos, violencia física y psico-emocional; involucra a todos los sectores socio-económicos, constituyéndose en uno de los sectores más vulnerables y discriminados; mayormente las mujeres, -quienes llegan a viejas en mayor proporción que los varones-. A la vez es el grupo etario social que menos denuncia, dada la relación padres-hijos; abuelos -nietos; anciano - cuidador, en la que juegan cuestiones de poder, sumisión, temor. El principal sustento de éstas actitudes y conductas es el llamado “viejismo o edaismo”, que implica la desvalorización de una persona por el solo transcurso de los años.

-¿Qué lugar ocupan las personas mayores en nuestra sociedad actualmente?
Ser viejo en el mundo occidental contemporáneo, remite a configuraciones de valores distintos de otros momentos históricos de nuestra sociedad y de otras culturas. Las diferencias de género, de clase, de credos religiosos, de etnia, de inserción laboral-profesional, también están presentes en la construcción de las representaciones y de las experiencias del envejecer, dimensiones fundamentales en el análisis de la identidad de este grupo etario. En los modos de envejecer particulares, destacamos la implicancia de las condiciones materiales y simbólicas de vida, de las trayectorias de vida, y atado a ellas, resaltamos la idea de trascendencia y de sentido de la vida, pilares que en cualquier contexto social, económico, cultural, cobra suma importancia en la construcción de una “buena” vida, de una “buena” vejez, de una vejez digna.
Este valor en la vejez, no sólo entra en cuestión por los prejuicios históricos que va generando el contexto, sino también por la situación de crisis que este mismo produce en la familia contemporánea. El “viejismo” y la situación de crisis de las familias actuales, tienden a romper con un modo de relacionarse que existía en reciprocidad, reciprocidad que hoy día está en juego.

-¿La sociedad actual establece un rol bastante negativo a las personas mayores verdad?
Desde la aceptación de la inutilidad, la no creatividad, la no comunicación, el no aprendizaje, la fealdad, de la que supuestamente son portadores, se reproduce un rol condenando al “viejo”. De este modo, las relaciones intergeneracionales constituyen un aspecto central desde el cual comenzar a criticar y problematizar esa imagen social ficticia que hay acerca de la vejez, lo que conlleva la difícil pero impostergable tarea de comenzar a romper con la manipulación de la opinión pública, romper con los prejuicios y poder dar cuenta de que el viejo realmente es “un ser humano”.

-¿Cómo trabajar lo intergeneracional en la familia?
Los hijos, sus padres y sus abuelos -hoy también bisabuelos, tatarabuelos-, constituyen las generaciones y cada una de ellas tiene sus intereses y su concepción de vida propia y a la vez distinta de las otras generaciones. El aumento de la expectativa de vida y el envejecimiento poblacional, trae aparejado indefectiblemente la presencia cada vez mayor de viejos en el ámbito de las familias. La mayoría de los ancianos se encuentran insertos y comparten la cotidianeidad de sus familias; son parte y protagonistas de la vida familiar, relación que consideramos hoy día, no proporcional entre padres - hijos en cuanto a cuidados, protección, aceptación, afecto, comprensión.

-¿Y fuera del núcleo familiar?
La participación social de los viejos en la actualidad ha tenido modificaciones positivas, pero continúa siendo uno de los nudos problemáticos en la vejez en cuanto a canales de mayor acceso. Los existentes, en su gran mayoría, se vinculan a organizaciones, asociaciones que responden a objetivos relacionados a intereses y necesidades propias de sus integrantes como personas mayores. En la actualidad, los diferentes espacios de y para personas mayores han cobrado suma relevancia. Los mismos son vitales para éstos, ya que generan un fuerte impacto en su vida cotidiana, cumplen una función de gran apoyo y asumen un lugar muy importante en sus procesos de envejecimiento. En tal sentido, el ámbito familiar también resulta modificado por las vivencias y cambios que sus viejos experimentan al participar en dichos espacios; dado que nos encontramos por un lado, con la mirada de hijos, nietos, parejas, que principalmente incentivan, acompañan, participan de actividades y momentos de encuentros que proponen estos espacios; pero también, por otro lado, la familia representa y se conduce con actitudes y miradas ausentes, a veces desaprobadoras, de indiferencia respecto a ello.

-¿Estos espacios podrían modificar la imagen social negativa del envejecer?
La imagen negativa acerca del envejecer casi instalada en la sociedad, se pone en tensión en relación con la alternativa y posibilidad que otorgan los espacios-organizaciones de convocar a viejos para construir y sostener sus propios lugares, para recrear y transformar aspectos de identidad en función del aprendizaje, desarrollo de capacidades y potencialidades; para defender y reivindicar sus derechos, demandar inserción social y comunitaria; para generar diferentes sistemas de apoyo social, para proyectar su vejez desde su lugar de ciudadano y desde la idea de un proceso de envejecimiento como inherente a su condición humana, aceptando limitaciones y potenciando capacidades.

-¿Son variados los conceptos - y no precisamente sinónimos- cuando nombramos a “la persona mayor”?

Sí. Entre los conceptos más usados están Ancianidad, Tercera Edad, Cuarta Edad, Senilidad, Adulto Mayor, Personas Mayores, Jubilados, Jóvenes de la Tercera Edad, Añoso, Geronte, Viejo. Algunos de estos términos provienen de la Medicina, otros de la Psicología, de la Sociología, de la Antropología. Son conceptos y construcciones teóricas, socio-culturales, que en su forma de nombrar están significando algo y en los que subyacen supuestos desde donde se originan. La mayoría de los mismos tratan de simular, atenuar, favorecer la significación bastante desvirtuada que tiene el término viejo (de vejez), a través de eufemismos como Adulto Mayor, Personas de la Tercera Edad, Jóvenes de la Tercera Edad. Con su uso se intenta agradar al conjunto de la sociedad y a los propios viejos, quienes muchas veces también caen en discriminaciones usando peyorativamente el término viejo en tercera persona para referirse a otros, distanciándose de dicha condición.

-¿En extensión de la Facultad eligieron analizar esta temática desde diversos enfoques?
Precisamente. Hemos abierto muchos espacios e instancias de reflexión relacionados al tema, ya sea con los propios viejos; con quienes trabajan con ellos y con interesados en el mismo.
Estos términos aparecen usualmente en medios de comunicación, en programas sociales, en organizaciones intermedias. Los medios de comunicación -por ejemplo las revistas- casi no muestran temáticas y problemáticas relacionadas a la vejez, sino que tratan de crear un nuevo mercado de consumo en que la promesa de la eterna juventud, a través de un nuevo vestuario, nuevas formas de ocio y de relación con el cuerpo, con la familia, con los amigos, puede alcanzarse.
Otra situación que habitualmente suele darse, sobre todo en las residencias gerontológicas y geriátricas, es nombrar a las personas que allí viven “abuelo”, “abuelita”, confundiendo de esta manera la condición de vejez con la de abuelidad. Esto lleva a que se sumen cuestiones de desarraigo y pérdida de la identidad, ya que hay viejos que ven pasar sus días sin que nadie los “nombre”, contribuyendo a procesos de despersonalización que muchos sufren en dichos lugares. También se da mucho a nivel de la sociedad, o aún peor desde organismos del Estado, cuando desde el sentido común, se llama “abuelo” para evitar decir viejo o anciano, encerrando también muchas veces, una carga de “lástima”, de “pobrecito”, de tutela. En los últimos años el término Tercera Edad es el que ha cobrado mayor significación y ha “pegado” más en nuestras sociedades, y más recientemente el término Adultos Mayores. En relación a ello consideramos importante conocer no sólo lo relacionado a la manera de nombrar en sí, sino sobre todo las implicancias sobre cuestiones que alrededor del término se originan.

-Algunas consideraciones finales sobre esta problemática tan importante…
Citar, por ejemplo, a Leopoldo Salvarezza, quien plantea que “la vejez es un tema conflictivo, no solo para el que la vive en sí mismo, sino también para aquellos que, sin ser viejos aún, diariamente la enfrentan desde sus roles profesionales de médico, psicólogo, asistente social, enfermero o como hijo, colega, socio, o vecino”.
En relación a esto, a través de los años de indagar acerca de procesos de envejecimiento y de trabajo con viejos, hemos podido acercarnos al conocimiento de la condición de vejez de diferentes personas y grupos de distintos lugares -ciudad, zona rural-; de sectores socio económicos diametralmente opuestos; en situaciones de vida familiar y de institucionalización; unos con experiencias gratificantes y otros que sufren situaciones de maltrato, ya sea familiar o institucional; como también muchos que participan de propuestas para la llamada Tercera Edad o para Adultos Mayores buscando en ellas mejorar su calidad de vida.

Contacto Magister María del Carmen Ludi: mcludi@fibertel.com.ar

http://noticias.uner.edu.ar/

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