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Paraná, Mar 23 de Abr
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Buscan fomentar la actividad física en estudiantes secundarios
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Buscan fomentar la actividad física en estudiantes secundarios a través de las motivaciones de sus docentes

Un proyecto de la Universidad de Flores, en conjunto con la Universidad Politécnica de Madrid, estudia las variables motivacionales de profesores de Educación Física y cómo influyen en el alumno. El objetivo es estimular a los adolescentes a ser físicamente activos.

El estudio de las relaciones existentes entre las variables motivacionales y profesionales de los profesores de Educación Física y su influencia en la motivación del alumnado son los ejes de un estudio de la Universidad de Flores, en conjunto con la Universidad Politécnica de Madrid. El objetivo de la investigación –que abarcó una muestra de 2.221 estudiantes y 105 docentes de colegios argentinos, 917 y 38 respectivamente, de establecimientos españoles– es establecer relaciones entre los perfiles docentes y su influencia sobre la motivación e intención de los adolescentes de ser físicamente activos. Un emprendimiento nada sencillo, si se tiene en cuenta un contexto en el que niños y adolescentes dedican escaso tiempo a la actividad física y al deporte por fuera de las obligaciones lectivas. Una de las metas del proyecto es generar estrategias para que los docentes alimenten la motivación de los estudiantes y revertir esta tendencia.
“Es un escenario a nivel global con múltiples facetas y tiene que ver con el desarrollo económico de los países, donde entra a jugar la alimentación y el incremento del uso de las tecnologías, entre otras”, explica Javier Coterón López, doctor en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte por la UPM y director del proyecto. “Si antes nos educábamos en el patio o en el terreno de al lado de casa, hoy no hay nada de eso y sí hay mucha tecnología digital. Y los niños están mucho más tiempo conectados a una pantalla, por lo cual el efecto inmediato es el sedentarismo y los problemas asociados de sobrepeso y obesidad, que son alarmantes en algunos países”, completa el experto y cita el ejemplo de España, donde existe un índice por encima del 20% del alumnado de edades infantiles con sobrepeso.

Los especialistas consideran que las clases escolares son un ámbito óptimo para abordar esta problemática, ya que representan el único espacio común de actividad física que tienen los adolescentes. “Allí –precisa Coterón– podemos garantizar una formación determinada y una creación de hábitos. Vemos metodologías, estrategias docentes. Nuestra idea básica es detectar qué hace que el alumno no quiera practicar actividad física y formar al profesorado para que desarrolle unas clases en pos de aumentar la motivación del alumno y que quiera seguir practicando actividad física en el futuro”.

¿Cómo se motiva, entonces, a un adolescente para hacer de estas prácticas un hábito? Estudios previos afirman que hacia los catorce o quince años hay un pronunciado abandono de la actividad física. Esto se debe a una connotación propia de la adolescencia, pero que se empieza a recuperar a cuando se llega a los treinta. La prueba está en unos centros urbanos cada vez más tapizados de habitúes de gimnasios y circuitos de running.
“Lo que se estudia –señala Coterón– es la vinculación entre las experiencias obtenidas en el colegio y la continuidad en la vida adulta. La baja de actividad física en la adolescencia hay que asumirla como una parte más del desarrollo de cada uno; entonces, intentamos demostrar que una buena percepción de la clase de educación física en el periodo escolar genera, a lo largo de los años, un mayor deseo de practicar actividad física. Creemos que es importante proveer al chico de experiencias que fijen la identificación de la práctica físico-deportiva con valores personales como el compromiso, la autosuperación o la cooperación. De esta forma, aunque haya épocas de abandono, en la vida adulta se reincorporará como parte de los valores personales de cuidado de cada individuo”.

El foco del trabajo está puesto en la relación entre cómo se siente el profesor y qué efecto tienen las características de ese profesor en la percepción que tienen sus alumnos en las clases de educación física. Aquí es donde entran a jugar las llamadas ‘necesidades psicológicas básicas’, que son analizadas en tres dimensiones: la percepción de autonomía, la percepción de competencia y las relaciones sociales. “En esas tres dimensiones se va ponderando el nivel de satisfacción de cada uno”, asegura por su parte Valeria Gómez, magister en Psicología Educacional y codirectora del proyecto, además de coordinadora de investigaciones en la Facultad de Actividad Física y Deporte de UFLO. De acuerdo a resultados obtenidos, la especialista afirma que “en general hay bastante satisfacción en ambas partes, pero en el caso de los alumnos la necesidad básica menos satisfecha es la de la autonomía, es decir, el sentir que deciden qué actividades pueden realizar y cómo participar en los modos de evaluación. Y en lo que más satisfacción encuentran es en la relación con los demás, que quizás en otras materias no es tan frecuente. En el caso de los profesores se da al revés: donde menos nivel de satisfacción tienen es en la dimensión social y donde más, en la autonomía. Parecería que en los estudiantes no hay demasiada posibilidad de decisión o participación colaborativa, y esta es la dimensión que más incidencia tiene en la futura práctica de actividad física”.

Los investigadores sostienen que, en el caso de los profesores, hay cuestiones que exceden al diseño de la currícula y pueden incidir en la actitud de los alumnos. Por ejemplo, el síndrome del burnout, las presiones del entorno, la remuneración, la normativa de los centros educativos, etc. El análisis apunta a identificar qué factor puede ser más determinante en esa actitud positiva o negativa del profesor hacia los alumnos.

Otra arista que se desprende de la investigación es que a los alumnos no se les da la posibilidad de elegir. “Nuestra finalidad es que el alumno llegue a clase y diga ‘Profe, ¿qué hacemos hoy?’, ‘Profe, quiero moverme’”, explica Coterón. “El alumnado en su día a día escoge lo que quiere, es mucho más autónomo ahora que hace cincuenta años porque tiene más acceso a la información. Te puedes conectar con cualquier cosa que tú deseas. En las clases vemos que el profesor aún no cede esa autoridad por miedo, pero él en su vida escoge, por lo cual tenemos que adaptarnos a lo que hacemos todos fuera de la escuela, que es escoger. Nosotros escogemos el deporte que queremos hacer porque hay una oferta muy grande y, sin embargo, en las clases nos dicen: ‘Tienes que hacer esto porque es bueno para ti’. La autoridad no se pierde, pero se les puede dar a elegir entre tres opciones. Te pongo un ejemplo: condición física. ¿Por qué todos tienen que correr? Un niño con sobrepeso ¿por qué no puede hacer bicicleta? Prueba tú correr con una mochila de diez kilos encima”, completa.
“O simplemente puede que no le guste correr, que no encuentre satisfacción, placer, motivación. ¿Con qué derecho disponemos del cuerpo del otro? Es un problema que linda con los Derechos del Niño”, agrega Gómez.

En el ámbito de Argentina, el estudio se basó en una muestra de 2221 estudiantes y 105 docentes y contó con la participación de alumnos de la Licenciatura en Actividad Física y Deporte de UFLO. Se trabajó con cuestionarios que se respondieron de manera voluntaria y anónima. “En general los chicos estaban agradecidos –recuerda Gómez–, porque nunca los habían consultado sobre este tipo de cosas. Una de las preguntas que surgían era si esto iba a tener que ver con la calificación o si el profesor iba a saber sus respuestas, pero les aclarábamos que simplemente estábamos investigando y que ellos iban a ser un poco la voz de lo que está pasando con las motivaciones en la educación física en Argentina”.

El proyecto pasó por dos fases y está entrando en la tercera. La primera fue preguntar al alumnado; la segunda, al alumnado y a sus profesores, y, la tercera será la observación directa del entorno de clase. Esa interacción, aseguran los investigadores, otorgará una información más precisa y generará herramientas para que el profesor tome en cuenta las motivaciones de sus alumnos. “Nosotros estudiamos la motivación, que tiene que ver con el mundo afectivo del individuo. No trabajamos sobre darle prestigio a la educación física como asignatura sino en comprender al alumno y comprender también al profesor que le da clases a ese alumno”, concluyen los expertos.

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